Concentración en el Deporte

Muchas veces, la primera respuesta que damos a una pregunta no lo dice todo: ¿Cómo de importante es para ti la concentración en el deporte? Estoy prácticamente seguro de que la inmensa mayoría de la gente contestará que muy importante, incluso que es esencial. Pero hace un tiempo aprendí que para saber la verdadera importancia que se le da a algo, lo mejor que se puede hacer es compararlo con otra cosa que esa persona considera también importante: cómo priorizamos. Por ejemplo a la hora de definir cuáles son tus valores fundamentales.

¿Para ti es importante la justicia? “Sí, muy importante, esencial”, puede ser una respuesta típica. ¿Y es importante el amor? “Por supuesto, fundamental”. Si en una situación de tu vida, por ser justo fueras a perder el cariño de tu ser más querido, ¿qué elegirías, Justicia o Amor? Desde luego el tema da para hablar largo y tendido, pero lo único que pretendo es hacer ver que para valorar la importancia que le damos a algo hay que pensar en a qué estamos dispuestos a renunciar por ese algo. No siempre habrá que plantearse la situación de tener que elegir, pero en muchas ocasiones tendrás que hacerlo. Y de hecho lo hacemos constantemente, con grados menores de importancia, pero estamos constantemente decidiendo qué es más importante y a qué renunciamos. ¿Una cucharada más de azúcar, o mi compromiso personal con cuidarme un poco más? A qué renuncio me da la respuesta, a la vez, de a qué le doy más importancia (al menos en ese momento).

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Concentración en el Deporte

¿Qué importancia tiene para ti la concentración en el deporte, en tú deporte? En relación a la competición la respuesta suele venir dada, y ya no es sólo lo que pienses de verdad, sino lo que sabes que se espera que diga cualquier deportista serio. Por eso te pregunto por los entrenamientos, ¿de verdad es importante para ti la concentración entrenando? ¿Comparado con qué? ¿Con las bromas? Es probable que haya momentos para las dos cosas, y de hecho seguramente sea recomendable que las dos estén presentes. Pero, cuando hay que elegir entre la broma y la máxima concentración, ¿qué postura tomas? No espero que me des ninguna respuesta (aunque podrías hacerlo en los comentarios, me gustaría), por lo que la respuesta no tiene que ser lo que se espera que respondas. De hecho lo que me interesa es que pienses en lo que en realidad haces: ¿cuánto tardas en pasar de la broma al detalle del ejercicio? ¿Te da pereza? ¿Remoloneas? Esa es una pequeña muestra de la importancia que le das a la concentración.

¿Y si comparo la atención y concentración con mi ego? Por ejemplo, imagina que llega alguien y te dice que cree que te vendría bien hacer un trabajo especial para mejorar tu capacidad de concentración, que en los entrenamientos podrías estar más atento y sacarle más partido a cada sesión. Supongamos que te pilla un poco por sorpresa, pero pasada esa sorpresa inicial, ¿qué actitud tomas?:

  1. “¿Quién es este tío para decirme que yo no estoy atent@ en los entrenamientos? ¡Por supuesto que estoy atent@!”
  2. “Bueno, es posible que últimamente haya estado un poco más distraíd@ de lo normal”, o “Quizás sea cierto que puedo estar un poco más concentrad@” pero en ambos casos seguido de un pero similar a este: “pero yo no necesito ningún trabajo especial, sólo es cuestión de esforzarme un poquito más”.
  3. “No sé si de verdad hay algo que podría hacer para mejorar mi capacidad de concentración, pero si pudiese hacerlo sería interesante probarlo. ¡Oye! ¿Y de qué tipo de trabajo hablas?”

Atención vs. Ego

En el primer caso: la elección es, proteger mi ego ante cualquier insinuación, o posible interpretación (puede ser que sólo yo haya llegado a hacer esa interpretación), sobre mi valía y las actitudes que creo que definen mi valía personal, mi ego. La mejora de mi capacidad de concentración se queda fuera, esa es mi renuncia.

En el segundo caso, admito cierto margen de mejora en mi desempeño, pero en lo fundamental, en lo que se refiere a mi persona, a las capacidades que creo que me definen, no admito que puedan ser mejorables. Esto pondría en duda mi valía actual, por lo que niego que necesite mejorar. De hecho el problema está en que cuando te dicen que puedes” mejorar una cualidad, tu interpretas que quieren decir que necesitas” mejorar. Te presentan una oportunidad, y tu ves una amenaza a tu ego, a lo que otros pueden estar pensando sobre tú validez. Eliges proteger tu imagen, tu ego, y aunque puede que estuvieses dispuesto a probar, renuncias a la mejora de la concentración y también a la humildad: aceptarla sería aceptar ante los demás que eres mejorableque no eres lo suficientemente bueno. Nadie te dijo esto último. Y sí, eres mejorable, como todos, pero eso no significa que seas menos valioso. Probablemente sea al revés, cuanto mayor sea el margen de mejora que estás dispuesto a asumir, más valioso serás.

Y por último: “Tengo mis dudas de si funcionará, pero lo que me están presentando es una oportunidad de mejorar”. Ni siquiera pierdes un instante en valorar lo que el otro puede estar pensando sobre tu valía como deportista, ni compitiendo ni entrenando. “Él cree que yo puedo entrenar mejor: no sé si tiene razón o no (yo estoy haciendo todo lo que puedo) pero, ¿y si fuese verdad que puedo hacer algo más?” En el momento en el que aparece una oportunidad de mejora, por dudosa que parezca, las amenazas a tu ego se disuelven.

¡Enhorabuena! Había un límite para tu capacidad, y lo acabas de borrar. Ahora sólo te falta superar su rastro e ir a por el siguiente límite.

“Nunca digas nunca, porque los límites, como los miedos, a menudo son sólo una ilusión” -Michael Jordan

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