19 enero, 2016

Confianza y Deporte

¿Qué tiene de especial la mente de un deportista de élite, que a igualdad de condiciones, le permite llegar a dónde otros no llegan?

¿Qué le hace posible, físicamente, llegar a donde cualquier persona normal no llega? ¿Por qué puede hacer cosas que la inmensa mayoría de la gente no puede? Fundamentalmente, hay una razón: entrenamiento. Pero aunque no lo tengamos en cuenta, todo entrenamiento físico, conlleva una parte de entrenamiento mental. No apagamos el cerebro cuando vamos a entrenar. De hecho gracias a él podemos hacerlo, y gracias a él asimilamos la mayor parte de los contenidos de cada entrenamiento, como por ejemplo los contenidos técnicos, y la mayor parte de las veces de forma inconsciente.

El deportista de élite estructura y planifica su preparación física, técnica y táctica, cuida su alimentación y sus descansos. Y entrena también su mente. ¿Pero lo hace con la misma organización con la que lo hace con los demás aspectos de su preparación? ¿O ni siquiera es consciente de que pueda influir en sus capacidades o en su fortaleza mental? El resultado de esto es que, igual que con la parte física, si la mente del deportista no está bien entrenada, será más difícil que sea capaz de reaccionar de forma óptima a las dificultades que se le presentarán en la competición.

Confianza y Deporte

Del mismo modo que hay ciertos hábitos alimenticios que pueden influir negativamente en el rendimiento de un deportista, puede haber ciertos hábitos o estados mentales que hagan más difícil que pueda llegar a dar lo mejor de si mismo. Y aunque, como decía, el simple hecho de movernos en un ámbito de alto rendimiento pueda servirnos para ir adquiriendo hábitos adecuados, esto no siempre es así. Los mejores no dejan al azar la responsabilidad sobre aspectos importantes para su rendimiento, ni esperan a que los cambios que necesitan les vayan llegando “de alguna manera”. No esperan, toman decisiones, y van a por lo que creen que necesitan para llegar a donde quieren llegar.

¿Quién se encarga de tu preparación física? ¿Y de tu preparación técnica o táctica? ¿Has pensado alguna vez en acudir a un nutricionista para que te ayude a ajustar tu dieta a tus necesidades como deportista? ¿De qué otras maneras podrías mejorar tu rendimiento, tanto entrenando como compitiendo?

Piensa en qué haría en tu situación el deportista al que más admiras, o el mejor en tu disciplina… ¿Y tu rival más duro? ¿Esperaría, o tomaría una decisión? ¿Cómo sabes que no la ha tomado ya?

¿En qué depositarás tu confianza, en tu pasividad y la esperanza de que sus decisiones no acaben siendo buenas, o en la determinación y la ilusión que motivarán tus propias decisiones?

Confianza y Deporte

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