Los fantasmas, no son tan fieros como los pintas

¿Crees en los fantasmas? Te propongo una cosa. A todos nos sucede de vez en cuando que sabiendo que tendríamos que hacer algo, que en el fondo es también lo que queremos hacer, porque sabemos que es importante para lograr nuestros objetivos, hay algo que nos retiene y que nos impide hacerlo. Y muchas veces tenemos la sensación de no saber qué es exactamente lo que se interpone en nuestro camino, lo que tira de nosotros hacia el sofá, lo que nos impide dar el paso adelante, el paso que quisiéramos estar dando.

En vez de pereza, desgana o vagancia, vamos a llamarlo “fantasma”, pues en cualquier caso es algo que en realidad no vemos. Pero… ¿crees en los fantasmas? La estrategia va a ser que vas a tratar de desenmascararlo, y vas a averiguar qué es exactamente lo que te retiene. “Desgana” sigue sin ser algo tangible: necesitas concretar más. “Cansancio” es algo un poquito más concreto, pero todavía no es suficientemente “corporeo”, y en cualquier caso necesitas saber exactamente donde se sitúa, que hace para impedirte actuar, qué hace para que te sea imposible hacer lo que tienes que hacer. ¿Es quizás un dolor insoportable, o te esconde las zapatillas,…? 👻

no son tan fieros como los pintas

Mientras no lo consigas identificar con claridad, avanza. La única forma de poder saber lo que hace y cómo lo hace es obligarle a actuar. Oblígale a ponerse en tu camino, a que tenga que hacer valer su fuerza. Cuando lo haga, cuando veas exactamente cómo lo hace y experimentes de verdad su fuerza, entonces tendrás que parar. De hecho tienes permiso para hacerlo. Pero sólo cuando veas con claridad cómo y dónde actúa, cuando sepas con precisión qué hace para ser implacable. Mientras tanto, mientras no le hayas quitado la sábana y hayas visto lo que hay debajo, no puedes detenerte, pues podrías estar rindiéndote ante algo que no es real, un espíritu. O aún peor, podrías estar deteniéndote por miedo a una aparición.

Podría tratarse del fantasma de “estoy demasiado cansado”. ¿Demasiado cansado para qué? ¿Para soportar el entrenamiento? ¿Seguro? No hay duda de que te vas a cansar aún más, ¿pero de veras crees que no podrás soportarlo? Si lo soportaste en otras ocasiones, ¿por qué ahora no ibas a poder soportarlo? Pero es que sólo sabrás si estas en lo cierto en el momento en que se haga evidente, cuando hayas hecho todo lo posible por demostrar que sí puedes y el fantasma se haya hecho corpóreo, demostrándote que la fatiga fisiológica es real, localizable, medible y suficientemente intensa como para interferir gravemente en tu desempeño.

¿Y qué me dices de “estoy desanimado”“no tengo ganas”, o “será demasiado aburrido”? ¿Cuánto es demasiado? ¿Cuánto es insoportable? ¿Dónde exactamente lo mides y cuál es el valor límite que hace materialmente imposible llevar a cabo la tarea? Si no lo tienes del todo claro, oblígale a mostrarse: hazle actuar de verdad.

Y si fuéramos un poquito más allá. Ya estás en el entrenamiento, en el gimnasio o en el trabajo. ¡Bien! ¡Fantasma fuera de combate! ¿No? Ya estás ahí, poniendo lo mejor de ti en juego. ¿O no? Y si no es así, ¿qué es lo que te lo impide? ¿Qué es exactamente lo que te impide dar lo mejor de ti mismo? De nuevo, ¡oblígale a mostrarse! Si aflojas que sea porque le obligaste a sujetarte, a ponerte la zancadilla, no porque tú pensaste que te iba a poner la zancadilla. Y si de verdad hay algo que te frena, ¿cuál es su verdadera fuerza, hoy? No la de ayer ni la de hace una semana. ¿Cuánto es capaz de retenerte? ¿Le has puesto a prueba de verdad? ¿Te has puesto a prueba de verdad a ti mismo? ¿Estás seguro de que no le estabas sobrevalorando? ¿Estás seguro de que no estabas infravalorándote a ti frente a él?

A veces es más fácil decirnos que no vamos a poder soportarlo que hacer el esfuerzo de intentarlo. ¿Y sabes una cosa? No es agradable, pero sí puedes soportar más dolor, más fatiga, más aburrimiento, más desgana o más desmotivación de la que piensas. Y puedes seguir dando lo mejor de ti a pesar de todo ello. ¿Y sabes otra cosa? En la mayoría de las situaciones no vas a tener que soportar tanto como crees, porque en realidad no son tan grandes como tú los pintas. Es normal, hay una parte de ti que quiere evitarte la incomodidad, y trata de convencerte de ello agigantando los obstáculos, los fantasmas. Pero al final te das cuenta de que, “no son tan fieros como los pintas”.

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